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José Luis Prieto
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El nuevo tratamiento de las parafilias BDSM en el DSM-5

Recientemente, en el transgresor blog “La Mosca Cojonera”, una imprescindible referencia documental de lo que algún día será el movimiento “sex positive” -del que me considero partícipe- de la comunidad castellanoparlante a ambos lados del Atlántico (algún día, que tanto conservadurismo cultural lo frena), se ha publicado un post criticando la consideración como trastornos mentales de las parafilias propias del BDSM.

Se refiere el post en cuestión al DSM-IV. Pero desde mayo de 2013, con la publicación del DSM-5, al que me referí en mi anterior post, ha cambiado el acometimiento clínico de las antiguas “perversiones sexuales”.

En el DSM-5 se recogen, bajo el título de “Trastornos parafílicos”, las características de las parafilias inocuas -en las que no se desvirtúa la incolumidad psíquica- y, separadamente, las circunstancias adicionales con cuya concurrencia procede el diagnóstico de afectación en la salud mental. Reitero a lo bruto: sin dichas adicionales características, la parafilia no es enfermedad mental. Sólo legítimo divertimento.

Bajo el citado título, son parafilias relacionadas con el BDSM

  • el “masoquismo sexual” (“ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento de cualquier otra forma”), en su caso específica y adicionalmente con asfixiofilia” (el individuo busca conseguir la excitación sexual por medio de la restricción de la respiración).
  • el “sadismo sexual” (en relación con el “sufrimiento físico o psicológico de otra persona”),
  • el “fetichismo” (por el “empleo de objetos inanimados o un gran interés específico por parte/s del cuerpo no genitales”, exceptuándose prendas propias del travestismo, por considerarse una parafilia con sustantividad propia, y la utilización de objetos específicamente diseñados para la estimulación genital),
  • y residualmente, otros bajo el epígrafe de “específicados” -expresamente por ejemplo la “clismafilia” (aplicación de enemas) o la “urofilia” (respecto de la orina)- o, justificadamente por el psiquiatra, “no especificados”.

Pues bien, reitero: dichas parafilias (“perversiones”, como yo mismo utilizo para reapropiación terminológica), por sí solas, como “fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos” que producen, “durante un periodo de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente”no son considedados por el DSM-5 como trastornos ni alteraciones de la salud mental de quien las practique.

Para que dichas parafilias hagan incurrir al sujeto en trastorno o alteración mental se requiere que “causen malestar clínicamente significativo” -es decir, si produce malestar pero no es significativo, tampoco habría trastorno- o provoquen “deterioro en lo social, laboral u otras áreas importante del funcionamiento” o desenvolvimiento individual.

En el caso del sadismo sexual, aparte de las posibilidades anteriores también hay trastorno si, separadamente, los deseos sexuales irrefrenables se han cumplido “con una persona que no ha dado su consentimiento”. Lo cual es lógico y con evidentes reprecursiones jurídico-penales.

Ahora, el hecho de secundar determinada parafilia no se identifica con estar trastornado, sino bajo determinadas condiciones. Porque siendo comúnmente aceptado, incluso por los parafílicos, que se trata de “desviaciones sexuales”, también es cierto que se desvía quien se sale de la norma, y en materia moral la norma dominante es la de la clase dominante, la que responde a sus intereses, y en sexo es otro campo de batalla ideológico. Pero esto da para otro post.

  1. jlprieto ha publicado esto